// EMERGENCIA EN HAITÍ

Queridos Hermanos, Colaboradores y amigos:
Aunque todavía se está produciendo algún que otro milagro de última hora, las autoridades han determinado que ya no se busque más. La “operación rescate” bajo los escombros del desastre de Haití ha terminado. Y ahora ¿qué? ¿Ya no hay remedio? ¿O sí?
Y ya que parecía que Dios estaba ocupado en “otros asuntos” aquella noche, o quizá dormía agotado por el cansancio, apatía e indiferencia de los hombres, o puede que estuviera haciendo “otras cosas”, como les ocurría a los seguidores de Baal (1Re,18, 26-27), el caso es que el terremoto que hace diez días destruyó Haití y produjo más de 120.000 muertos y miles de miles de damnificados, el caso es que esta tragedia ha vuelto a suscitar comentarios parecidos del estilo “Dios estaba dormido” o “¿Dónde estaba Dios esa noche?”. ¿Será verdad que esta
vez el bombazo de la tierra en Haití le pilló desprevenido a nuestro Dios?
Pero cuando el silencio de Dios se impone, es la hora de los hombres y Dios quiere que el remedio seamos nosotros y actuemos en situación de emergencia y nos ocupemos de paliar las necesidades que ahora el grito de la tierra en forma de terremoto, junto a las injusticias
permanentes y el olvido de los hombres a lo largo de los siglos han causado en Haití.
Los ateos, no tienen nada que decir al respecto, puesto que si no creen no le pueden echar la culpa a Dios; pero los que creemos en Él sí tenemos mucho que decirle, interrogarle y escucharle; y sobre todo, tenemos mucho que hacer.
Al menos que nosotros no nos durmamos ¡despertad! Todos podemos hacer algo, muy poco, pero algo sí. Y lo que hagamos seguro que se puede convertir en un respiro para atender a las personas que han quedado con vida, aunque destrozada. No nos hemos podido desplazar allí a salvar vidas o a enterrar muertos, pero desde aquí, ahora nos toca a nosotros. Ha llegado nuestra hora cuando los demás se vienen. Los servicios de emergencia de todo el mundo han dado
ejemplo, han hecho lo que han podido. No ha sido fácil coordinar la operación de ayuda ante tanto desastre y tanta muerte. ¡No nos quedemos ahí parados mirando la televisión y lamentándonos diciendo “se podía haber hecho mejor”! Tampoco es fácil hablar de Dios a los hombres ante este drama humano, pero al menos sí podremos hablarle a Dios sobre lo que a los hombres, nuestros hermanos, les ha pasando en Haití. Oración y gestos de solidaridad es lo que se me ocurre que
podemos hacer mejor.
Por eso, os invito a realizar en los próximos días, en todos nuestros Centros y Comunidades de San Juan de Dios de la Provincia de Castilla, una campaña de recaudación de ayuda económica para Haití. La recaudación la podéis canalizar a través de las Asociaciones y Organizaciones No Gubernamentales que nos ofrecen total garantía de
que nuestra “limosna” va a llegar a su destino. De acuerdo con nuestra ONG Juan Ciudad/Salud para Todos, y con el fin de no dispersar fuerzas, os ofrecemos las direcciones y número de cuenta bancaria donde podéis depositar vuestra aportación para que llegue lo antes posible a su destino.
Recibid un cordial saludo.